Cuántos encargos necesitas solo para cubrir gastos
Cinco preguntas sencillas que muestran si tu taller de verdad gana dinero.

El precio de su trabajo, cualquier costurera lo dice sin pensarlo. Pero cuántos encargos al mes hacen falta solo para no perder dinero, eso lo saben muy pocas. Y no es porque se nos den mal las cuentas. Nos enseñaron a cortar y coser, y a llevar un negocio aprendemos sobre la marcha, muchas veces a base de errores.
Todo taller tiene gastos que llegan cada mes, haya encargos o no: alquiler, luz, teléfono, impuestos. Los primeros encargos del mes se van en pagarlos. Mientras no estén cubiertos, trabajas en pérdidas. El momento en que todos los gastos están cubiertos se llama punto de equilibrio. Todo lo que ganes después ya es tu beneficio. La mayoría no sabe con qué encargo del mes llega a ese punto, y se guía por la intuición: hay muchos encargos, así que seguramente todo va bien.
Mike Michalowicz, autor de «Profit First», un libro sobre el dinero en los pequeños negocios, advierte: «No puedes salir de un problema de beneficio creciendo». Si cada encargo apenas te deja nada, más encargos traen más trabajo, no más dinero.
Primero apunta todos tus gastos fijos. Saber si un gasto es fijo es fácil: si el mes que viene no tuvieras ni un encargo, ¿seguiría ahí? El alquiler, o una parte de los suministros si coses en casa, el teléfono, los programas, la gestoría y los impuestos se quedan. Lo que más se olvida es el mantenimiento de las máquinas y el dinero para comprar otras cuando las viejas dejen de funcionar.
Pero lo que más a menudo falta en esta lista es lo más importante: tu sueldo. No «lo que sobre», sino la cantidad con la que de verdad quieres vivir. Si no está en la lista, el mes puede cuadrar a la perfección y aun así lo habrás trabajado gratis.

2. ¿Cuánto te deja de verdad un encargo?
El pago de un encargo todavía no es lo que ganas. Una parte pertenece desde el principio a la prenda: la tela y las fornituras que lleva, la comisión del banco, el embalaje, el envío. Para tus gastos y para ti solo trabaja lo que queda. Lo más fácil es verlo en algunos encargos anteriores: recuerda qué salió de tu stock para cada prenda y qué tuviste que comprar.
3. ¿Llegas a cubrir gastos en un mes?
Los gastos corren todos los días: en tu día libre, cuando estás de baja y en los días sin encargos. Pero el dinero solo llega con los días de trabajo pagado. Así que cuenta tu mes con honestidad: sin días libres, festivos ni vacaciones, y con algo de margen por si te pones enferma.
Ahora compara cuántos encargos hacen falta para cubrir todos los gastos con tu sueldo incluido, y cuántos encargos te da tiempo a hacer en esos días reales de trabajo. Casi siempre nos imaginamos más rápidas de lo que somos: un encargo parece de un par de días, pero con mensajes, pruebas y arreglos se va una semana. Tu ritmo real te lo muestra un registro de encargos: después de cada encargo apuntas cuántos días te llevó de verdad. Puedes descargarlo gratis en el artículo «¿En qué se nos va el tiempo? 10 cosas que te quitan tiempo en tu negocio de costura».
Si ni con la agenda llena llegas a cubrir gastos, las clientas nuevas no ayudan: no tendrías tiempo para sus encargos. Pueden ayudar cinco cosas.
Tiempo. Primero mira en qué se te van las horas además de coser. Respuestas a clientas con plantillas, patrones base listos para los modelos que repites, compras una vez por semana en lugar de salir por cada encargo, reserva online de las pruebas. Todo lo que puedas simplificar o automatizar te deja más tiempo para el trabajo por el que te pagan.
Ayuda. Tener más encargos de los que puedes hacer no es motivo para rechazarlos. En el artículo «Si empezara de cero: cómo convertir tu pasión por la costura en un negocio de verdad» escribí: «Cuando todo depende de una sola persona, el negocio solo puede crecer hasta donde llega ella». Puedes empezar por poco: delega lo que no necesita tu oficio en concreto, como rematar, planchar, coser botones y cierres, las compras o la contabilidad. Puedes pagar por tarea o acordar con otra costurera que se encargue de parte de los encargos. Quédate con aquello por lo que las clientas vienen a ti: tu diseño, tu manera de tratar a las clientas, tus propios métodos y experiencia. Una ayudante compensa cuando usas el tiempo libre para un trabajo que deja más de lo que cuesta el suyo.
Gastos. Repasa tu lista y pregúntate por cada gasto si de verdad lo necesitas. Michalowicz escribe: «Eliminar los gastos innecesarios le dará a tu negocio más salud de la que puedes imaginar».
Servicios extra. Urgencias, acabados complejos, ajustes después de la prueba. Si están en tu lista de precios desde el principio, el encargo deja más sin buscar clientas nuevas.
Precio. Cuanto más deja cada encargo, antes en el mes cubres gastos. Pero el precio conviene revisarlo con cabeza, o puedes perder clientas.
Y si cubres gastos antes de que acabe el mes, mira cuánto antes. Ese es tu margen para una temporada tranquila, una baja o unas vacaciones.

4. ¿Adónde se va el dinero que había?
A veces el precio es el correcto y hay encargos de sobra, pero a final de mes no queda nada. Normalmente el dinero se escapa por tres sitios.
El dinero del encargo se gasta como propio. Llega el anticipo y parece que ya lo has ganado. Pero con ese dinero todavía hay que comprar lo que falta y hacer el trabajo. Michalowicz propone darle la vuelta al orden de siempre: no «ingresos menos gastos igual a beneficio», donde el beneficio es lo que sobra por casualidad, sino «ventas menos beneficio igual a gastos». Es decir, cada pago se reparte enseguida: materiales, impuestos, gastos del taller, tu sueldo y un poco de beneficio, en lugar de mirar a fin de mes qué ha sobrado por casualidad. Su consejo: «Lleva tu negocio según lo que puedes permitirte hoy, no según lo que esperas poder permitirte algún día». En la práctica son cuentas o sobres separados, donde cada cantidad tiene su sitio.
Dinero parado en la estantería. La tela comprada de antemano es dinero que no puedes usar para el alquiler ni para pagarte, hasta que se convierte en una prenda pagada. Merece la pena tener en stock lo que va en casi todos los encargos: hilos, cremalleras en colores básicos, entretela. Las telas caras y especiales es mejor comprarlas para un encargo concreto, después del anticipo. Una vez por temporada, revisa la estantería: lo que lleva ahí más de una temporada, úsalo en prendas pequeñas o muestras, o véndeselo a otras costureras.

Tiempo que nadie paga. Una prueba cancelada, una reunión de más, un arreglo a tu cuenta. Un encargo que se alarga una semana puede llevarse más de lo que dejó, aunque la clienta haya pagado el precio completo. Por eso, deja claro en tus condiciones cuántas pruebas y arreglos incluye el precio.
5. ¿Qué más revisar?
Cada taller tiene sus pequeñas fugas de dinero. Marca las que reconozcas en el tuyo:
- descuentos y «para las amigas, más barato». Un descuento baja el precio, pero no lo que ya gastaste en la prenda, así que lo pagas entero de lo que ganas tú. Si quieres tener un detalle, mejor añade algo de tu parte;
- los arreglos pequeños se comen el tiempo de los grandes. Un arreglo rápido parece dinero fácil, pero ocupa horas que podrían ir a una prenda que deja más;
- los impuestos como sorpresa. Si no apartas algo de cada pago, siempre llegan en mal momento;
- consultas y bocetos gratis. Si una clienta se va después de largas conversaciones, ese tiempo lo has regalado;
- clientas que tardan en pagar el resto o no recogen la prenda. El trabajo está hecho, la tela gastada y el dinero no llega;
- una sola cartera para casa y taller. Así es imposible saber cuánto gana de verdad el taller.
Chuleta
Hemos reunido todas estas preguntas en una chuleta. Marca lo que reconozcas en tu trabajo y verás enseguida por dónde empezar en tu taller.

Casi siempre, después de una revisión así, queda claro que toca subir el precio. Y por algún motivo eso da más miedo que trabajar en pérdidas. De dónde viene ese miedo y cómo afrontarlo lo veremos en el próximo artículo.
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